En ocasiones el instinto te lleva a tomar decisiones arriesgadas, decisiones fugaces desatadas por un deseo casi subconsciente que imprime con fuerza el tiempo que corre en tu contra. Es entonces, cuando lo ves todo perdido, que nace ese grito visceral e irracional y, pese a la imposibilidad aparente, uno se lanza al vacío en un intento desesperado por vislumbrar una brecha de luz, un signo diminuto que abra el camino a un remedio absurdamente irreal, que supla la carencia que lo ha desatado todo.
La complejidad humana esta siempre presente en cualquier relación establecida, lo envuelve todo. Nunca vas a estar seguro de nada, es un factor inherente a tu propia naturaleza; todo se merece el beneplácito de la duda hasta un cierto punto, que no conviene sobrepasar. Y es por esto que, a veces, un impulso salva lo insalvable y resquebraja cualquier teoría al respecto. En un mundo absorbido por una impersonalidad aparente, nada tiene mas poder de sugestión que los sentidos al rojo vivo en el encuentro cara a cara, en la soledad compartida de un momento casi eterno. Todo puede desmoronarse, todo puede encontrar un halo de esperanza entre unas cenizas mas o menos recientes y destruir cualquier esquema preconcebido. Es entonces cuando nace esa brizna de locura, esa brecha de felicidad inesperada que te aparta de cualquier otra meta y te concentra en el único objetivo de ensancharla poco a poco e intentar superar el vértigo de una circunstancia poco favorable.
Cabe recordar que no conviene volar demasiado alto, tampoco anclar los pies al suelo. Al final, la vida consiste en encontrar ese punto de equilibrio entre la nube y la roca, encontrarlo y saber adaptarlo a cualquier situación que se presente, en el fondo, eso es el éxito, el personal, el que no depende mas que de uno mismo y que juega, a cada momento, una partida de dados en la que uno es solamente una pieza del rompecabezas.

La complejidad humana esta siempre presente en cualquier relación establecida, lo envuelve todo. Nunca vas a estar seguro de nada, es un factor inherente a tu propia naturaleza; todo se merece el beneplácito de la duda hasta un cierto punto, que no conviene sobrepasar. Y es por esto que, a veces, un impulso salva lo insalvable y resquebraja cualquier teoría al respecto. En un mundo absorbido por una impersonalidad aparente, nada tiene mas poder de sugestión que los sentidos al rojo vivo en el encuentro cara a cara, en la soledad compartida de un momento casi eterno. Todo puede desmoronarse, todo puede encontrar un halo de esperanza entre unas cenizas mas o menos recientes y destruir cualquier esquema preconcebido. Es entonces cuando nace esa brizna de locura, esa brecha de felicidad inesperada que te aparta de cualquier otra meta y te concentra en el único objetivo de ensancharla poco a poco e intentar superar el vértigo de una circunstancia poco favorable.
Cabe recordar que no conviene volar demasiado alto, tampoco anclar los pies al suelo. Al final, la vida consiste en encontrar ese punto de equilibrio entre la nube y la roca, encontrarlo y saber adaptarlo a cualquier situación que se presente, en el fondo, eso es el éxito, el personal, el que no depende mas que de uno mismo y que juega, a cada momento, una partida de dados en la que uno es solamente una pieza del rompecabezas.
[Arnald]


